Debido a nuestra naturaleza dual, al mirar una imagen de reflejo como esta, tenemos la oportunidad de nos espelharmos, viendo la posibilidad real de conexión con el carácter más íntimo de nuestro ser. Somos llamados a escuchar sabía y atentamente la voz interior, entonces, desarrollar los potenciales dormidos y velados que necesitan exteriorización para que podamos crecer. Se trata, por tanto, de una danza íntima, y corresponde a cada uno de nosotros dar atención a la silenciosa música que canta diariamente a nuestros oídos como una invitación a la apropiación de nuestro yo.

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